La Orquidea salvaje y el jardinero


La orquídea salvaje y el jardinero

Había una vez un hombre que renovaba cíclicamente su jardín, le gustaban una gran variedad de flores y sin embargo sentía una gran atracción hacia aquellas de naturaleza exótica; las encontraba no solo bellas por sus colores y por su naturaleza, sino también porque eran frágiles y en su fragilidad se tornaban dóciles y crecían según el capricho del jardinero.

Al principio el jardinero se entusiasmaba con la flor recién conseguida y la cuidaba de manera intensa, le procuraba un lugar relevante dentro de su jardín sin descuidar jamás a las otras flores, pero mostrando una clara preferencia a la recién llegada. La colmaba de atenciones y pasaba horas y horas reflexionando como amoldarla a su nuevo entorno, es una salvaje, yo tengo el deber de salvarla, pensaba él y se entregaba a fondo a su misión.

Era efectivamente las más tozudas, las que llamaban más su atención, aquellas que más luchaban y que no conseguían adaptarse a las nuevas exigencias del terreno le encantaban y terminaba creyéndose enamorado de ellas. Parece que le gustaba sobremanera aquel pulso existente entre la flor que no quería doblegarse y su naturaleza de amo absoluto.

Siempre conseguía a medias su propósito y si no lo conseguía automáticamente empezaba a aburrirse y entonces se entretenía simultáneamente con sus otras flores, mientras buscaba afanosamente una nueva belleza foránea que trasplantar a su jardín. Más tarde o más temprano encontraba un nuevo espécimen y el entusiasmo volvía a su vida, entonces arrancaba a la otra flor de su jardín y la borraba de su mente.

Muchas de esas especies foráneas habían destruido buena parte del terreno aprovechable del jardín, quien sabe si como revancha por el propio daño que habían sufrido o quizá simplemente como una simple reacción al no hallarse en su elemento.

Y así pasaron los años en aquel cíclico baile de conquista y destrucción, hasta que un buen día se halló el jardinero cansado, extrañamente cansado: Ya no podía levantar las herramientas con energía como antes y ya no podía atender a todas las flores y al ver como su jardín se llenaba de maleza estalló en su interior una tormenta: Todo va mal, la maleza crece por todas partes, ¡debe ser culpa de la orquídea esa! Exclamó lleno de frustración, mientras su cuerpo encorvado por los años se arrastraba hasta el rincón donde la recién llegada canturreaba: ¡Mi jardín ya no funciona como antes!¡Es tu mala vibra!¡son tus malas costumbres! Claro ¡como tú no quieres dejar de comer pollo con mermelada y lo único que te preocupa es leer, todo lo demás se viene a pique!.

La Orquídea se quedo mirándolo y fiel a su naturaleza salvaje respondió en el tono más fuerte que encontró: ¿No será que te haces viejo y algunas de sus facultades ya no son como antes? Y además ¿Para que necesitas más energía? ¿Acaso no me prometiste cuidarme solo a mí y a mis retoños? ¿Qué importa que el jardín desaparezca entre la maleza si tu y yo estaremos juntos siempre?.

Cuando ella hablaba así, él se entusiasmaba y retomaba el interés, pero dentro de él estaba apesadumbrado porque estaba sujeto entre varios dilemas: Lo que más amaba de sus flores era aquello que trataba de día y de noche de cambiar en ellas y por otro lado quería tener especies exclusivas, pero él no quería ser exclusivo para ellas.

Pasaron algunos años y el jardinero se tornaba más viejo y sin embargo todos lo notaban menos él: Cuando se miraba en el arroyo se veía fuerte y rozagante como un mozalbete y entonces no conseguía comprender la situación: Su jardín se había convertido en una ruina y con excepción de la orquídea había tenido que deshacerse de casi todas las flores y solo de vez en cuando algún abrojo brotaba en el suelo yermo y una débil florecilla surgía por unas horas para luego marchitarse.

Era el séptimo año de la orquídea en el jardín y una noche cuando ella se mostraba esplendida a la luz de la luna él se sintió desdichado y encontró repentinamente en su atormentada reflexión la clave de su desgracia: ¿Cómo no me había dado cuenta antes? Estoy simplemente harto de ella, estoy harto de que sea tan sabelotodo, estoy harto de que no me permita tener otras flores, estoy cansado de su carácter indómito y estoy simplemente hasta la coronilla de sus benditos retoños.

Sin embargo no era tan fácil arrancar a la orquídea, no era cuestión de provocarla y luego traer las herramientas y lanzarla al cubo de la basura, ¡no!, había que hacerla culpable, merecedora de su destino, de lo contrario él podría sentirse culpable y esto era un sentimiento que realmente él no podía soportar, así que ideó un plan al que denominó: “Como arrancar una orquídea haciéndola a ella responsable”.

Un Buen día se marchó diciendo que necesitaba reflexionar, ella asintió convencida de que sería algo temporal que mejoraría la relación que tenían, él es un gruñón pero es un buen hombre y aunque no me ama, sé que me quiere y todo lo hace por mi bienestar, pensaba ella, a veces es muy aburrida esta vida para mí porque él envejece y ya no tiene la misma energía, pero es tan tan inteligente, tan interesante y tan divertido cuando quiere y además es maravilloso cuando se trata de construir cosas y bueno, yo se que vamos a estar juntos hasta el final porque a pesar de nuestras diferencias no podemos imaginarnos el uno sin el otro, concluía la orquídea.

Durante dos semanas, el hombre desapareció de la faz de la tierra y solo se supo de él por las lacónicas cartas impersonales que envió a la orquídea en donde le contaba en tercera persona lo maravillosamente bien que se lo estaba pasando en un jardín donde había todo tipo de flores exóticas, dóciles y complacientes, que no se empeñaban en crecer según les daba la gana sino que se contentaban con existir para él.

La orquídea se sintió profundamente herida y aunque muchas cosas similares habían pasado anteriormente, el hecho de que el mismo se lo contara le hizo comprender que a él ya no le importaba herirla y entonces supo que su ciclo había terminado.

Se preparo para ser arrancada del jardín y lo espero hecha una furia. Cuando por fin el regreso a casa, traía consigo además del bronceado obtenido en la luna de miel, una sonrisa de satisfacción que le atravesaba el rostro. La orquídea le exigió ser llevada a otro árbol lejos del perímetro de jardín y él reaccionó sorprendido ¿Por qué estás molesta? ¿Por qué quieres marcharte? ¿Qué he hecho de malo? ¿Acaso no merezco un poco de comprensión? ¿Qué tiene de malo que yo me entretenga con otras flores? Para mí es como ir al cine, no son importantes, ¿No ves que tú eres la que importa? Tú estás aquí en mi jardín, los dos tenemos grandes planes y eso es lo que importa, ven, perdóname y empecemos de cero. ¿Y tú estás arrepentido de herirme? preguntó la flor, no francamente no, yo no he hecho nada malo, no sé porque tanto alboroto, respondió él.

Ella se quedó pensativa y lo miró largamente, después le dijo: ¿Entonces tú no te molestarías si otro jardinero paseara sus dedos entre mis pétalos? El jardinero dio un salto y con el rostro contraído por la furia, le respondió: Como se te ocurre pensar algo así, nadie, óyeme bien, nadie te pone un dedo encima, no mientras pertenezcas a mi jardín y por supuesto que no me hace ni la menor gracia imaginarme algo como eso.

Entonces, preguntó ella de nuevo ¿Me pides que te perdone ahora porque te molesta la idea de que sea yo quien te abandone y jamás ninguna flor te ha abandonado a ti? ¿Planeas que me quede ahora para después producir tú una situación en la que seas tú quien me abandone haciéndome a mi responsable?

El jardinero la miró a los ojos, mientras pensaba: “Al final del día no es tan tonta”, como se te ocurre pensar algo así, por Dios, estás loca como una cabra, te juro, te prometo que yo lo único que deseo es estar bien contigo.

La orquídea lo perdonó al fin y se quedó tranquila pensando que había sido solo una falsa alarma, al final del día solo es un hombre que comete errores, pero me quiere como yo lo quiero y nuestros planes hacia el futuro son los que prevalecen: yo creceré y me haré fuerte y así los dos permaneceremos unidos siempre y yo seré su apoyo cuando él ya no pueda erguirse más y él será mi fortaleza, mi motor para afrontar las tormentas.

Para mostrar su buena voluntad, el jardinero le propuso un contrato para esclarecer las tareas de cada uno y cuando los dos estuvieron de acuerdo celebraron. Durante los dos meses siguientes él ejecutó con maestría y entrega las tareas que se había auto impuesto, las cuales incluían un excesivo cuidado de los retoños, el permanecer ininterrumpidamente cerca del cuadrante de la orquídea y limpiar a fondo el mismo sector dos veces por semana. Ella estaba fascinada: ¡Qué bien! ¡Él quiere realmente ayudar! ¡Se ha dado cuenta que si hacemos las labores los dos es mucho más fácil y más justo! Yo creo que él debería hacer otras cosas que lo hicieran sentirse satisfecho, tal vez aprender algo nuevo, tal vez actualizar sus conocimientos, que se yo, no todo tiene que terminar en flores y excursiones silenciosas, pero él insiste en estar aquí permanentemente a dos pasos con las herramientas de limpieza en la mano, como si no pudiéramos cuidarnos solos y se auto exige demasiado, concluyó ella.

Cuando había corrido más de la mitad del tercer mes, ella empezó a notar las señales: Al principio habían sido solo sonidos leves, cambios elementales en las costumbres, simples aparentes olvidos y sobre todo planes que estaba previstos para ese momento y que ya nunca más habían vuelto a ser mencionados. La situación la tomó totalmente desprevenida y ella se sintió al principio estupefacta y luego se negó a aceptar lo evidente No, no es posible, él me prometió, él me dijo…

Lo enfrento llena de miedo a la desilusión: ¿Por qué estás ignorándome? ¿Qué ocurre? Pensé que estábamos bien, entones estalló él: no, no estamos bien, yo no estoy bien, siento que mi vida está vacía, lo único que hago es atender tu cuadrante mientras tu creces y yo no puedo imaginarme que voy a pasar los siguientes cinco años podando, regando, limpiando tus retoños, no puedo, además cada vez son más rebeldes y crecen como les da la gana y casi se dirían que piensan por sí mismos y no aceptan ningún tipo de control y ya tu sabes cómo me pongo cuando algo no está bajo mi estricto control, así que no puedo más.

Pero una orquídea como yo y sus retoños, no tenemos que ser cosas inanimadas, no somos como rocas que permanecen como una mera decoración en el jardín, estamos vivos. Además tú propusiste el contrato que causa ahora tu irritación.

Sí, yo lo propuse pero me doy cuenta que no puedo con tanta tensión, yo necesito pasearme, tomar el sol, ver otras cosas, no estar aquí indefectiblemente cuidando de vosotros.

¿Bueno pero que deseas que hagamos?, pregunto ella irritada, no lo sé, dame una semana y volveremos a hablar, por lo pronto, me tomas desprevenido se me ocurre que tu ocupas un trozo muy grande de árbol y que quizás deberías limitarte a un pequeño rincón para que pudieras cuidar tu misma de tus retoños. ¿Pero cómo puedo crecer y fortalecerme si no tengo el espacio para ello? ¿Qué será de nosotros en el futuro? ¿Cómo afrontaremos las tormentas cuando tu ya no puedas protegernos?, no lo sé, ya te dije que me des una semana.

La situación se tornó tensa, sus peores presagios se hacían realidad y él se negaba a hablar francamente, ¿Cómo había sucedido esto? Se preguntaba ella.

El ambiente se hacía cada vez más denso y al menor roce estallaban las chispas entre ellos, él la conocía muy bien y sabia mejor que nadie como provocarla, como llevarla hasta el extremo, como irritarla hasta que ella perdiera el control y ella estaba por un lado asustada por el futuro pero al tiempo quería saber cuanto antes el veredicto de su amo.

Antes de que finalizara el plazo ella encontró las reservas de los tiquetes con fechas próximas, lo encaró y le pidió explicarle a donde se marchaba y porque la abandonaba:

Me marcho a causa de tu comportamiento, no puedo más con mis violencias, tú has provocado esto. ¿Yo? Preguntó ella, ¿Y tú eres inocente? Sí, yo soy totalmente inocente, estoy esclavizado aquí, lo único que hago es limpiar mientras tú floreces y lo único que piensas es en crecer y crecer. Ella se volvió loca de dolor, se dio cuenta de la traición y supo como todo el tiempo había estado durmiendo al lado de su enemigo:

Esto no era nada accidental, había sido planeado minuciosamente, no obstante él insistía:

Yo no he tomado ninguna decisión aun, es solo que te he propuesto algo y en caso de que no lo aceptaras yo estaba en la obligación de buscarme una alternativa, ese es todo mi crimen. ¿Queeeeeeeeeee?¿Comoooooooooo? estás semanas maquinando abandonarme, tienes listo un lugar a donde ir, tiquetes reservados y ¿me dices que no has decidido nada?

Has consultado el I ching, has hablado a tu familia y a tus amigos mientras yo permanecía ignorante de lo que pasaba y ¿me dices que no has tomado ninguna decisión y que es mi culpa?

Si yo no he decidido nada, en tus manos está el que sigamos juntos o el que aquí termine nuestra historia.

Y ¿Cuál es tu propuesta al final de cuentas? Mi propuesta es muy simple: te trasladas a ese tronco diminuto en aquel rincón, no ocupa mucho espacio y sobre todo podrás cuidar tú misma de tus retoños y de tu entorno, yo estaré a tu lado, pero mi tiempo tendrá que ser flexible porque yo quiero dedicarme a actividades culturales, a viajar, a tomar el sol; a veces podrás venir conmigo pero no siempre. No tienes permitido hacer ninguna actividad que te aleje de tu rincón aunque yo cortaré algunas ramas para que en el verano algunos rayos del sol te lleguen.

¿Pero como terminaré con mi proceso de crecimiento? ¿Cómo me haré fuerte?¿Como sobreviviré a las tormentas?¿Que haré cuando tu no estés más? Y si te ocurre algo y ya no puedes regresar más a mi lado, ¿Cómo podre sobre vivir si soy débil?

Hay muchas formas de crecer, puedes crecer espiritualmente allí, no creas los espacios reducidos pueden ser interesantes y además todo esto lo hago por tus benditos retoños, es que ellos te necesitan.

¿Me necesitan? ¿Te importan? ¿Te importan tanto que no dudas en abandonarlos en un momento en el que más te necesitan? ¿Te importan tanto que quieres someterme a una muerte lenta a manos de la frustración y la humillación? ¿Te importan tanto que cuando te marchas de viaje apenas escribes cartas lacónicas en tercera persona?

¿Por qué quieres verme mal en el futuro? ¿Qué te he hecho yo para que actúes con tanta sevicia?

Bueno basta de charla y ahora decide:

La Orquídea se sacudió las lágrimas y miro el cielo encapotado de nubes, después fijó sus ojos en el jardinero y le dijo: Esa es la única opción que me das y yo tengo que decidir como si tuviera un cuchillo en la garganta, entonces mi respuesta es No, no acepto hacerme el harakiri, no me someto y con esto renuncio al privilegio de tu compañía, prefiero luchar ahora que aceptar un destino tan miserable y si quieres saber porqué, te lo diré: Tú has destruido toda la confianza entre nosotros, cambias mucho de opinión y tu palabra ya no tiene valor ¿Quién me puede garantizar a mí que aunque acepte tus deshonrosas condiciones, dentro de unos años o unos meses no cambiaras de opinión y me abandonaras de todos modos? No me quedo para averiguarlo.

Y además creo que me has propuesto eso justamente porque sabias que yo no aceptaría, me conoces demasiado.

“Ya dije antes que no es del todo tonta” pensó el jardinero y sonriendo le dio la espalda para prepararse a partir.